Por fin me enteré del origen de la crueldad de mi suegra. Me corrijo, ex suegra. Por fin puedo encontrar un sentido sobrenatural a la cantidad innumerable de insultos directos e indirectos que recibí como frías cachetadas a mi linda y joven mejilla. Aquella gorda me decía las nalgas de toro. La provinciana, yo no veo que Monterrey sea la capital señora. Qué marca es esa bolsa, por Dios, una que venden fuera de las tiendas donde sufre ataques compulsivos de lujuria para calmar su falta de amorcito, ya que como todos sabemos, señora, su esposo prefiere darle el juguete a su queridita; perdón, su secretaria. Luis, hijo, creo que tu amiga está en la puerta, después de cinco años, sesenta meses de relación formal, ¿no tiene el descaro de siquiera pronunciar mi nombre?

La historia cuenta que la abuela, la difunta madre de la diabla, estaba en su lecho de muerte en una cama del Hospital San José, acompañada de su descendencia: la suegra y su culote y sus dos hermanos y los nietos: los dos homosexuales, los dos drogadictos, el artistilla de música en su look extravagante, el chiquito rarón amanerado y Luis a sus diecinueve años con sus tres hermanas disfrazadas de Chanel. La abuela habla y todos callan, emite una sola palabra: Luis. Luis se acerca a agarrar la mano de la vieja que se la tendía temblorosa mientras los ojos y las orejas de los demás crecían para conocer el mensaje de la moribunda. La abuela, entre respiraciones entrecortadas, le dirige su mirada profunda azul a su nieto y le dice: Cásate bien. Tarán, se muere. La nalgas de toro empieza a chillar en un volumen sobresaliente entre la conmoción de todos. Agarra a su hijo Luis y lo abraza con fuerza: eres la esperanza de la familia.

Así que yo no fui digna de redimir a los Gónzalez Garza. No cumplí con las expectativas de la muerta para ser la elegida en continuar su trascendencia tan limpia y fina y lamida en dinero. Mi más falso pésame a la familia, mi más sincero odio a la suegra y mi más grande desprecio a Luis que permitió que las chichotas que lo alimentaron carcomieran nuestra relación.

 

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