Entre hombres de pies alados

Derecha, izquierda, vuelta a la derecha. Izquierda, derecha, vuelta a la izquierda. Las suelas de mis pies parecen ya rozar el suelo de tierra en cada paso del baile. El frío entra por punzadas a mis piernas, a mis brazos, a mi pecho pintado. Me cubre una tela: cuelga de mi cintura y se mueve con los tambores. El movimiento me da un aliento de calor. Sus ojos me dan calor. Estará ahora en la cocina de esa casa con ventanas iluminadas que puedo ver desde aquí. Estará moliendo el maíz para el tesgüino con otras mujeres. Derecha, izquierda, vuelta. Izquierda, derecha, vuelta. Aquel viejo sonríe, aquel joven concentra su frente en sus rodillas.  De vez en cuando alguno voltea a la luna, grande, con la textura rugosa de las manos de Mónica. Fue apenas ayer cuando por fin pasó. Después de seis meses de polvo, de caminatas eternas, de trabajo, de atracción reprimida, que su mirada negra se acercó a la mía. Las palabras fueron pocas, no habla mucho español, no he aprendido el rarámuri. Izquierda, derecha, vuelta. Brinco, brinco, vuelta. Ese beso, esa caricia de labios, lo viví más que cualquier encuentro de lenguas y cuerpos que haya tenido antes.  Antes, pienso en ese antes y parece otra vida, con el tictac en las venas y el humo de coches en el cerebro. Mis novias allá eran tacones y labiales. Aquí en la sierra los colores en las faldas largas dicen más que un escote. Brinco, otro brinco. Brinco de los treinta hombres que estamos alrededor de la fogata.  Es mi primera vez -espero de muchas- de danzarle al Repá betéame. Aquí he aprendido a ver Al-de-arriba en un atardecer o en el sudor de estos pasos. Mis muslos me ruegan descanso, volteo a las ventanas iluminadas. Mis ojos escupen fatiga, mi adrenalina mantiene el ritmo. Veo abajo y mis pies ya están empanizados de polvo y sangre seca. Mejor me enfoco en sus ojos negros. El puro recuerdo de su mirada me puede alimentar como nunca lo lograron pestañas cargadas de maquillaje, patas de insectos como decoración.  Aquí no hay capas ni persianas que disfrazan la realidad. He encontrado el estado puro y aquí me quedo. Izquierda, derecha, vuelta a la izquierda.

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