Chiapas

Mira, hijo, ese árbol de allá, con el tronco blanco, sirve para curar el cáncer cuando se detecta a tiempo. Sí, hijo, ésa es una vaca, y bien grandota. No, ése es borrego. ¡Caballos! Muy bien, hijo. Ay, mira nomás tu hermanito todo chueco dormido. A ver, véngase pa’ acá. Ya cayeron dos de cuatro. Sólo Mario y tú siguen despiertos. ¡Sí, es una gallina, hijo! Qué bueno que te tocó la ventana.

Amanda, ¿es la primera vez que viajan los niños? Creo que sí. No hemos salido en estos cinco años. Lo que es la chamba. ¿Tú, hijo, te acuerdas de La Sabanilla? Ahí vivíamos cuando tenías un añito. Y allá vamos ahorita. Pa’ que veas a tu tía Carla, la que te consentía tanto. ¿A poco si te acuerdas? ¿Si eres bien inteligente tú, ‘eda? Chiquito, chiquito te llevamos para Tuxtla.

Mira, hijo, ¿ves esa flor roja? es una flor rica para las ensaladas, tiene mucho hierro. Se llama machetilla. Sí, hijo, más borregos. ¿Cómo hacen los borregos, hijo? ¿Y las vacas? Muy bien, muy bien, nomás no tan fuerte que despiertas a tus hermanos. Sí, Mario sigue despierto. Está en la otra ventana. ¿Y esa cara de enojado, Mario? ¿Qué pasa? No hagas berrinche, Mario, hay más gente en el colectivo. Ve, nomás, el bebé ni con sus gritos se levanta. Es que le hacía falta el fresco. ¿Cómo lo ves, Amanda?

¿Qué pasó, hijo? Todas esas mujeres de rayas que ves hablan oxchuc. A nosotros no nos gustan esas camisetas, nomás son para las que hablan diferente. Hay otras que se compran unas faldas de borregos de como dos mil pesos. Y ahí andan, enseñando qué hablan y quiénes son nomás por lo caro de su falda. No, nosotros no hacemos eso. Nosotros somos mestizos. Sí, tu también, hijo.

Mario, silencio, por favor. Ven a jugar conmigo y tu hermano. Brinca a tu mamá y a tus hermanitos y cuenta caballos con nosotros. Ay, Mario, hijo, no pasa nada. A ver, aquí traigo papel. Una disculpa, señoritas, ahoritita limpiamos. Amanda, ¿traes botella de agua? También le cayó vómito a las señoritas. Hijo, ayúdales a limpiar. Creo que sólo el pelo. Ah, ¿también la falda? Sí hijo, ésas son las faldas de las que te hablé. Así que límpialas bien. En verdad una disculpa, señoritas. ¿Cuánto queda de viaje, Amanda? Ay, Dios.

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